miércoles, 23 de noviembre de 2016

No levanto cabeza...

Manolo ya no es lo que era. Él, antes siempre listo, y desde que le dijeron lo del corazón no ha vuelto a tener una erección normal. Y se dice a sí mismo que es por lo de la arritmia, que da mucho miedo, pero lo cierto es que el día antes de que le dijesen el diagnóstico estaba estupendo, y no había cambiando nada salvo que le habían puesto nombre a una dolencia que llevaba años acompañándole.

Pepi está desesperada. No es que eche de menos el sexo, que también. Es que Manolo ya no la mira como antes, ya no le toca, no se dan la mano en el sofá. "Es que no quiero animarte si luego no puedo hacer nada", le dice Manolo. Pero ella cree que, simplemente, ya no gusta a su pareja. Y lo ha intentado todo: Se ha cambiado de imagen, ha ido al gimnasio, se ha comprado lencería... y nada. A sus 42 años empieza a asumir que su vida sexual se acabó.

La disfunción eréctil, que se define como la dificultad para tener una erección, mantenerla hasta finalizar o que esta sea suficiente, en al menos el 75% de las ocasiones, afecta hasta el 19% de la población masculina española. Es decir: casi 2 de cada 10. Esta proporción aumenta con la edad. Sin embargo, no tiene por qué ser la edad una causa de disfunción. Se pueden cumplir muchos años con una sanísima vida sexual

Distintos problemas orgánicos pueden facilitar la aparición: una diabetes mal controlada, hipertensión dislipemia, alteraciones vasculares y síndrome metabólico y, sobre todo, los fármacos usados para tratarlo. También la depresión, la ansiedad y los fármacos que se usan en su tratamiento pueden facilitarla. Por supuesto, el consumo de tóxicos, alcohol, tabaco y otras drogas lo facilitan muchísimo.

Pero con muchísima frecuencia, exista una causa orgánica desencadenante o no, la psique empeora el cuadro: En el caso de antes, Manolo tuvo un diagnóstico menor, que no debería haberle ocasionado ningún problema, pero evidentemente se angustió. El estrés hace que la erección sea mucho más difícil. Si encima le recetaron un beta bloqueante, la erección es aún peor. Desde ese momento cada vez que se acerca a su pareja, Manolo solamente está pensando si "funcionará o no" en vez de centrarse en los estímulos eróticos... y oiga, así no hay manera.

Así que, para evitar la frustración y la sensación de dejar a su chica a medias, deja de mirar a Pepi, deja de tocarla... y Pepi se desespera. Se siente poco querida y poco deseada. Y puede que hasta tenga razón, porque con el agobio que tiene el pobre Manolo ya no le quedan ganas de desear a nadie.
Pepi entonces empieza a presionar, ponerse mona, demandar... y más que se agobia Manolo, prolongando  el cuadro y deteriorando la relación de pareja.

Se juntan varios fenómenos psicológicos: La autoobservación, la presión de resultados, la demanda externa, el preocuparse excesivamente por el placer del otro...

Así que el primer paso sería.... dejar de pensar en ello. Hacer el encuentro sexual menos finalista, no depender de la penetración para disfrutar... mucho más fácil de decir que de hacer. Por eso es recomendable el tratamiento sexológico.

Para el tratamiento hay tanto terapias farmacológicas como psicoterapia, y se puede realizar un tratamiento combinado, que ha demostrado una mayor efectividad. Habría que abordar también, si la hay, la patología somática que esté favoreciendo el cuadro.

En todo caso es una patología que tiene buena resolución con un tratamiento adecuado y que de no tratarse deteriora profundamente la vida de pareja.




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