De novios mieles, de casados hieles. Este es el proceso que siguen muchas parejas: un noviazgo lleno de afectos y desafectos e incomunicación al final. "Se acaba el amor", decimos. El Amor une y desune. Y cuando se acaba el amor buscamos culpables: él, ella, el infiel, el desatento, el dinero... incluso la suegra.
Sin embargo, sabemos que en nuestro medio más del 60% de los matrimonios acaban en divorcio, con el sufrimiento emocional, familiar, social y económico que eso supone. Y no todos pueden ser tan malos, así que parece haber una tendencia natural al desgaste en la relación de pareja, que es de lo que hablaremos en este artículo.
La pareja puede ser origen del mayor sufrimiento mental, y al tiempo puede ser el amortiguador para soportar todo el sufrimiento originado fuera de ella. Y el que sea una cosa u otra depende, en gran medida, de nuestra inversión en pareja.
Y uso el término inversión de un modo absolutamente intencional. Si es algo tan importante y sabemos que de un modo natural va a tender al desgaste: ¿no es lógico invertir en nuestra pareja una parte importante de nuestro esfuerzo? Por otro lado, si no nos planteamos ese esfuerzo: ¿podemos esperar que funcione?
Pongamos un ejemplo empresarial:
Paco decide abrir una tienda de flores. A Paco las flores le han encantado toda la vida y, cuando ha comenzado a cultivarlas, descubre que es su pasión. Así que inicia ilusionado su negocio.
Al principio disfruta con las gardenias, las azaleas y los jazmines. Pero poco a poco se da cuenta de que las gardenias no huelen y los jazmines ensucian mucho. Se empieza a cansar de echar tantas horas y al final no le renta con lo que tiene que pagar de impuestos. En vez de innovar, trata de pasar un día tras otro con el menor desgaste posible. Pasan los años y, al hacer cuentas, Paco ve que no le salen los números, y decide cerrar la tienda.
Veámoslo de otro modo:
Paco se casa con Ana. Ana le encanta, sus ojos, su mirada, su voz. Cuando habla con ella puede pasar horas conversando sobre nada.
Pero pasan los días y las conversaciones son sobre la casa, los gastos. Trata de disfrutar del tiempo con ella pero... casi no hay tiempo entre el trabajo, el gimnasio, la peña de fútbol y los niños. Cada vez hablan menos y discuten más. En vez de innovar en su relación, trata de pasar un día tras otro con los menores roces posibles. Pasan los años y, al hacer cuentas, a Paco no le salen los números y decide divorciarse.
Por esto en terapia de pareja hablamos de la inversión en pareja: Verlo como el negocio más rentable de nuestra vida: aportar tiempo, emociones, intereses... con el objetivo de, una vez superada la fase del encantamiento, construir una empresa sólida. Desde luego, en tan azarosa tarea, sin realizar una importante inversión, difícilmente voy a lograr beneficios a corto y medio plazo.
En la terapia aprendemos a detectar aquello que el otro hace por mi y he dejado de ver: las sonrisas de la mañana, un buenos días con un tono particular, el quedarse con los niños para que yo pueda dormir la siesta o simplemente el soportar a mi madre el fin de semana. Además a escuchar adecuadamente al otro, dar adecuadamente mensajes, negociar el tiempo, cuidar nuestra autonomía y revalorar el tiempo juntos. Hacer, finalmente, que los intercambios entre los miembros de la pareja sean más positivos que negativos. Hacer que la inversión sea equitativa y rentable.
Así que veamos otra vez la historia de Paco y Ana
Paco comienza su relación con Ana. Enamorado, encantado y cegado por ella. Es una mujer maravillosa.
Pasan los meses y... bueno, tan maravillosa no es. Tiene sus cosillas. Es cierto que Paco también tiene sus vicios. Y encima a ninguno le gustan los defectos del otro. La cosa se empieza a poner tirante.
Así que Paco, bien asesorado, decide plantear a Ana, mediante un estilo de comunicación asertivo, la necesidad de que exista un ocio compartido y un ocio individual, que ambos aporten y pierdan de un modo similar en la pareja. Antes de eso se ha estado fijando en qué cosas de Ana le siguen pareciendo estupendas, como que siempre le haga cosquillas en la nuca mientras ven la tele o que le deje el lado que le gusta de la cama. Y además, cada vez que detecta algo que le gusta, se lo hace saber: "cielo, me encanta cuando me acaricias la nuca..."
Además, se da cuenta de lo importante que es poder compartir tiempo útil con Ana, en el que puedan compartir emociones y pasarlo bien. Así está aumentando el refuerzo asociado a su estancia con Ana.
Paco sabe que hay cosas que a Ana le encantan y a él le dan un poco igual, como ir a bailes de salón. Pero como sabe que el amor es conducta y quiere invertir en su pareja, allí está, como un campeón, todos los viernes. Por otra parte, sabe perfectamente que a Ana el maratón del Señor de los Anillos no le hace ilusión, pero está allí pendiente de Frodo y Gandalf
Evidentemente ya no es como al inicio, que no dejaban de tocarse en todo el día. Pero si hace un balance diario entre costos y beneficios, se da cuenta de que lo que obtiene en la pareja es positivo y que está donde quiere estar. En definitiva, Paco y Ana han decidido invertir en su relación de pareja, y están logrando sus beneficios.
En esta historia hemos visto varios elementos: En primer lugar, la fase de encantamiento del amor: todo es hermoso, el otro nos parece maravilloso y no tiene defectos. Es capaz de cubrir todas nuestras necesidades emocionales. En esta fase los intercambios con la pareja están marcados por la secreción de oxitocina que se asocia al apego emocional, dopamina, que actúa sobre el circuito de la recompensa, y vasopresina, que se asocia al sentimiento de posesión. Al mismo tiempo, la serotonina baja y hace que no podamos dejar de pensar en el otro: ¿Cuantas veces al día mira el móvil un enamorado?
En la segunda fase, la del desenmascaramiento, voy viendo al otro como un sujeto distinto a mí y que, por supuesto, no puede culminar todas mis necesidades. Y es que pensábamos que este sujeto cubriría nuestras faltas afectivas, cognitivas, sexuales... eso es mucho pedir para una sola persona. Entonces, claro está, nos llevamos el batacazo, la dopamina baja porque ya no hay tanta recompensa, la oxitocina ya no sube con tanta frecuencia ni intensidad y, afortunadamente, la serotonina sube permitiendo que nos centremos en otras cosas.
Paco entonces ha empezado a hacer una comunicación operativa, inteligente, aprendiendo a que sea efectiva, es decir: escuchar y transmitir adecuadamente los mensajes, hacer que el otro se sienta escuchado y apreciado.
Por otro lado, ha luchado contra el reflejo natural de dejar de apreciar como estímulo aquello a lo que nos acostumbramos: es el agotamiento del estímulo. Si mi pareja me hace todos los días el desayuno, me parece maravilloso los 3 primeros, los 3 siguientes me da igual y si al 10 día no me hace el desayuno, me cabreo porque siento que es su deber. Bien, pues con casi todos los refuerzos positivos que nos da la pareja nos pasa así: nos acostumbramos. Por eso es importante hacer un esfuerzo consciente para darnos cuenta de todo lo que nuestra pareja hace por nosotros.
Pero es que, además, si algo nos gusta de nuestra pareja, hemos de hacérselo saber. Paco ha ido reforzando los gestos de su pareja que le agradaban. Una simple sonrisa cuando alguien nos acaricia, un "me encanta cuando te pones este perfume", hará que nuestra pareja quiera repetir esa actitud. Porque, recordemos, en el fondo le caemos bien y desea hacernos feliz, pero muchas veces no nos damos ni cuenta del modo.
Además, han delimitado un tiempo individual, necesario para el crecimiento personal. No podemos pretender ser el TODO para nuestra pareja, porque entonces él o ella pasarán a ser NADA, tanto para nosotros como para sí mismos: su autoestima pasará por nosotros, sus estímulos, sus refuerzos... y es imposible que seamos capaces de colmar sus necesidades. Fomentaremos la dependencia.
También han valorado la importancia de un tiempo para la pareja, invertirla en ella. Incluso en cosas que en ocasiones no me gustan demasiado. Si existe una cierta equidad, no nos importa pasar un día viendo zapatos si sabemos que próximamente lo pasaremos viendo videojuegos.
En definitiva, si queremos una relación emocional satisfactoria, debemos saber que requiere un esfuerzo por nuestra parte porque, si la dejamos "a su aire", lo normal es que tienda a la monotonía y el desgaste.
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