miércoles, 4 de enero de 2017

Doña Maribel ya tiene quien le escriba

Doña Maribel ya tiene quien le escriba. Antes no le escribía nadie. Ni le mandaban ramitos de violetas en su aniversario ni nada de nada. Tenía una perrilla que le ladraba, eso sí, pero que se murió 6 meses después de su Rodolfo.

Había sido madre muy pronto, con 18 añitos en su pueblo en la Sierra de Jaén. Y abuela con 40, que tampoco era moco de pavo. Eso sí, su yerno era muy bueno.

Su nieta un poco rara, siempre con el móvil en la mano. Así que cuando en Navidad le regalaron uno a ella se imaginó que había sido Andreíta.

¿Pero qué hago yo con esto, si ya tengo teléfono en casa? ¿Y dónde están los  botones? Y allí estaba Andreíta, sacándose fotos y poniéndose hocico de perro.  "Anda, nena, enséñame a hacer esto..." "¿y qué haces con las fotos?"

Y así fue como Maribel se abrió su cuenta en Facebook e Instagram.

"Nena...¿Cómo haces tú para hacerte esos Selfis tan mona?"

Y así aprendió Maribel a poner el móvil en lo alto para sacar canalillo.

"Oye Andreíta...¿Y para conocer gente y esas cosas?"

Y así se hizo Maribel su cuenta de Tinder, donde veía muy buenos mozos y señores interesantes. Andreíta mientras se reía con su abuela, sin que Catalina, su madre, supiese nada de las andanzas se su sexagenaria progenitora.

Llegó el día en que Tomás hizo Match en el perfil de Maribel. Ella, que se aburría como una almeja con la charla de su cuñada la solterona y la mujer del maestro, decidió que por ir a tomar algo con el caballero no perdía nada. Salió, cenaron, se lo pasaron bien, se hicieron selfis, y los colgaron en el Instagram y el Facebook. Y como Andreíta le dio a "me gusta", Catalina se enteró de todo.

Pese al disgusto de su hija, que ya veía a su madre chocheando, volvió a salir con Tomás. Un día se besaron, otro se rozaron bajo la mesa... y Doña Maribel pensó que a su edad no estaba la cosa como para estar esperando, así que le invitó a dormir a su casa.

Y así fue como Doña Maribel tuvo su primero orgasmo con un hombre a los 66 años.

Quedaron más veces, tuvo más orgasmos. Maribel se dio cuenta de que las tecnologías eran un tema muy interesante, así que cuando Carlos le hizo Match decidió ir a la bolera juntos. Se lo pasó tan bien que pensó que esa experiencia del Tinder había que repetirla.

Se sacó más Selfis, los colgó en Instagram. Empezó a ver vídeos de maquillaje en el youtube, se compró ropa bonita, cositas de amantis.com,  y se descargó una aplicación de runtastic para ponerse guapa en 12 semanas.

El médico de Doña Maribel comenzó a echarla de menos: Dejó de ir a por los lexatines para dormir y a por los paracetamoles para pasar el día. Con tanto ejercicio se sentía mucho mejor y acababa agotada. Unas veces cansada por el ejercicio y otras por sus amigos del Tinder.

Y allí estaba, Doña Maribel con su hija, Catalina, que dice que su madre se está demenciando. Que está descocada y que la han visto por ahí con hombres. Tiene que tener Alzheimer, o adicción al sexo, o el mal de las vacas locas, porque eso no es normal, que se está dejando los dineros en cremas, ropas y juergas.

Doña Maribel, mientras su querida Catalina clama al cielo por la incapacitación de su madre, me sonríe con sus mejillas cargadas de coloretes y los ojillos vivaces bajo las cejas pintadas.

Si su hija supiese lo que ella y yo sabemos....


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